miércoles 26 de octubre de 2011

El tiempo

El tren volvió a parar, llevaba ya una hora de retraso por obras. Volvía a mi hogar de la infancia, ese del que había salido hacía tiempo y al que no quería regresar.

Allí estaba parada con ella, mi sueño, mi ser, mi energía, mi amor, mi querida niña.

Me sentía como ese tren, tan de repente movíendome a gran velocidad como parada sin ningún camino por el que ir. Manejada por un maquinista que no sentía como mi yo y arrastrada por una vía por la que no quería ir . Cerré los ojos.

El tren volvió a arrancar tras un largo tiempo que no supe precisar. Abrí los ojos y allí estaba ella. Mi niña, mi vida, me miraba con esa dulce sonrisa a la que no me podía resistir.

Yo debía arrancar, debía empezar un nuevo camino, una nueva vida, debía controlar mi camino, seguir mi vida, coger yo misma mi volante, manejar mis propios hilos y no parar, no mirar nunca nunca atrás.

Todo, todo, todo, se lo debía, todo, todo, todo, por ella.

lunes 25 de julio de 2011

Huida

Clara despertó de un sobresalto. Ya no se acordaba ni donde estaba. Miró quien estaba a su lado. Era Lorien, todavía no se lo terminaba de creer. Respiró suavemente y le dio un dulce beso para no despertarlo. Su vida había cambiado bastante en el último año, llegando a donde estaba ahora, en la ciudad de sus sueños París, con su mejor amigo, amante o pareja.

Hacía un año exactamente desde que había tomado la decisión de su vida. Siempre había estado huyendo para no enfrentarse a los problemas que le iban surgiendo. Cuando estaba en el instituto quería huir de su ciudad natal Zaragoza. Allí conoció a Lorien. Desde el primer momento habían congeniado muy bien. Siempre habían sido como hermanos. Se contaban todo, aunque no salían con la misma gente, se reservaban tiempo para estar juntos. Clara le envidiaba porque él podía hacer lo que quisiera. Sus padres eran intérpretes y nunca estaban en casa. En cambio a ella, al ser hija única la protegían demasiado. Aunque en el fondo los dos se sentían igual de solos y los dos se refugiaban el uno en el otro. Hasta que apareció ella.

Patricia fue la culpable o eso pensaba Clara de que Lorien perdiera el rumbo. Ya no tenía el suficiente tiempo para estar con ella. Lorien comenzó a juntarse con una gente que Clara no admitía, o no quería admitir como amigos. Así que huyó hacia la rebeldía. Fue la primera vez que escapaba tanto. Decidió irse a Bilbao a estudiar una carrera que aunque no era la que le apasionaba, fue aprendiendo a disfrutar. Ahora ya estaba cansada de Bilbao. Casi todos los días llovía. Al principio le cautivaba la lluvia, iba siempre sin paraguas y le encantaba la sensación del agua deslizándose, a veces rápido y otras lentamente por su cuerpo. Ahora ya, ni esa sensación de libertad y placer le gustaba.

Tenía nuevos amigos, hasta una pareja pero seguía sintiéndose sola. Buscaba algo que la motivara y la oportunidad llegó. Después de tres años en Bilbao, se presentó al examen para irse a París a estudiar su último año de carrera. Por fin había conseguido su sueño de volar como un pájaro y alejarse de esa ciudad que cada día le oprimía más. Creía que Francia iba a ser la solución a todos sus problemas. Estaba cansada de estar encerrada en ese clima gris de la ciudad.

Francia fue el paraíso. Se sentía bien, como siempre que llegaba a un nuevo lugar. Pero París era diferente. La gente le gustaba, estaba en una residencia y enseguida conoció a un gran número de gente con el que conectaba bien. Las clases al principio le costaron, pero al estar varios de Erasmus como ella de diferentes ciudades del mundo, los profesores colaboraban para que fuese todo más fácil. Así fue pasando el año rápidamente, visitando museos, perdiéndose en la vida parisiense y mezclándose con gente de lo más variopinto.

Estaba disfrutando por fin y ella se estaba volviendo más francesa que española, más bohemia que lo comedida que había sido siempre. Aunque en el fondo de su corazón seguía añorando sus paseos por el Pilar, perderse entre los turistas, callejear por su casco antiguo, descubriendo tiendas y cafés singulares. Por eso le gustaba París, los sentidos con los que disfrutaba esa ciudad eran los mismos que cuando estaba a gusto en Zaragoza, quizás por fin se sentía bien y podría volver algún día con su familia.

Pero llegó la fiesta española. La Sorbona hacía cada mes la fiesta de un país y había tocado España. Juntaban a todos los que eran originarios del país para darles sorpresas, regalos y que hiciesen de anfitriones. Así que allí fue con todos sus amigos. Se arregló con su vestido hippy favorito con colores morados, su boina francesa azul oscuro, sus botas negras de cuero y su cazadora vaquera. La fiesta era espectacular. El pabellón estaba adornado con castañuelas, cabezas de toros, abanicos,… a Clara eso le hacía mucha gracia. Siempre tenían la imagen de que España sólo era flamenco y toros. Pero bueno… qué se le iba a hacer quizás era esa la imagen que proyectábamos al exterior. De todas formas, ¿no era eso lo divertido?

Llegó el momento del baile y pusieron la macarena. Todos los españoles debían situarse en el escenario y guiar el baile. Toda la gente del pabellón seguía los pasos de ellos. Al principio ella no lo vio. Pero él a ella sí. Clara estaba en el centro más o menos con otras dos españolas que conocía porque estaban en su residencia y con las que se llevaba bien. Lorien estaba en un lado, así que se escabulló del escenario y se situó en un lado para verla bailar. No se lo podía creer que Clara estuviese allí. No se había despedido de él cuando se fue a Bilbao y no la había conseguido localizar. Aunque sus padres le habían dado el teléfono de su piso, parecía que nunca estaba en casa cuando él llamaba. Se sentía en parte culpable de haberla perdido pero ahora que la veía feliz pensaba que a lo mejor estuvo bien así. Seguir cada uno con su vida para encontrarse a ellos mismos.

Él también huyó de Zaragoza. Su madre era francesa y tenía un piso allí. Así que cuando se dio cuenta de que en su ciudad ya no había nada que le atase de verdad, decidió irse a estudiar a París, total él lo tenía fácil, tenía doble nacionalidad y conocía tres idiomas a la perfección.

Terminó la canción. La gente estaba eufórica y siguió bailando las diferentes canciones españolas que iban poniendo. Las luces empezaron a bajar y llegó la parte lenta. Comenzó a escucharse Sergio Dalma con su Bailar Pegados famoso en Francia después de Eurovisión. Era su momento. Lorien se acercó a Clara que ya estaba bailando con un francés y le pidió permiso. Clara se quedó helada, pero Lorien comenzó a bailar con ella.

- Hola Clara ¿Qué haces aquí?
- Creo que te iba a preguntar lo mismo. – A Clara le estaban sobresaliendo las lágrimas.
- No sabes las veces que te he llamado, las veces que te he buscado, hasta que decidí tomar la misma decisión que tú y huir. ¿Por qué no te despediste de mí?- Lorien se sentía cabreado, a la vez que esperanzado. Tantos años con las emociones retenidas. Era su amiga y nunca había entendido porqué se había marchado.
- Estabas muy ocupado. – Dijo Clara entre sollozos. No podía llorar, pero no podía aguantar más. Entonces Lorien lo comprendió. Cuatro años habían pasado casi desde que Clara se había ido de Zaragoza.

La canción estaba a punto de terminar Clara seguía intentando no llorar pero las lágrimas le corrían por la cara. Lorien le secó con sus dedos suavemente las lágrimas y le dio un beso en la boca.

- No voy a permitir que huyas nunca más de mí.

Clara se levantó muy despacio de la cama, comenzó a preparar el desayuno que sabía que siempre le había gustado a Lorien. Café recién hecho, zumo de naranja en copa y cruasanes con mermelada. Se acercó a la cama, lo despertó, con las copas de zumo.

- ¡Por una nueva vida! – dijo Lorien.

lunes 27 de diciembre de 2010

La niña, las hadas y la luna


En mi anterior casa, cuando yo era una pequeña niña con muchos sueños y fantasías ya me sentía diferente. En los años 80 con el mundial de naranjito los niños de mi edad ya sólo pensaban en el fútbol y las niñas en sus muñecas, en ser princesas o bailarinas. Yo,… sólo soñaba con la luna. Mi cama estaba justo debajo de la ventana y todas las noches antes de irme a dormir hablaba con ella, a veces le contaba mi día, otras mis ilusiones o mis penas, como si me escuchara, para mí, era mi hada madrina o mi ángel de la guarda. Como se suele decir en la vida, el tiempo lo cura todo y esa niña pequeña creció y perdió esa niña interior.

Pero la vida puede ir recta o hacer un círculo nunca sabemos cual va a ser su recorrido, si habrá baches o si subiremos montañas o si será sencillo el camino. Un día nació mi pequeña hadita Emma y aunque con responsabilidades diferentes volvió a aflorar en mi interior esa pequeña niña que un día fui.

Cual fue mi sorpresa y mi ilusión que un día al ir a darle el beso de buenas noches me acerqué y la oí. Con sus tres añitos estaba hablando con la luna. Me sentí feliz estaba preparada para el mundo de las hadas.

Ese fin de semana nos fuimos a Sesué un pequeño pueblecito del Pirineo aragonés. Allí en el interior de la naturaleza mientras su padre se iba de excursión nosotras paseábamos por los senderos del bosque. Emma miraba a su alrededor con sus ojitos brillantes. Se paraba ante todas las flores, jugaba con las hojas,... hasta que se quedó muy quietecita delante de un inmenso árbol con grandes raíces y lleno de huequecitos diminutos entre ellas. Susurrándome y tirándome de la mano me hizo agacharme.

- ¿Mami las has visto?
- No cariño, yo ya soy mayor y ya no tengo la vista que tienes tú. –Dije de corazón suponiendo que mi pequeña estaba viviendo lo que yo viví en su día.
- Son muy bonitas pero se han escondido. ¿Nos tienes miedo?
- A lo mejor hemos hecho mucho ruido para ellas.

Emma se sentó en el suelo, despacito y cerca del árbol. Yo la imité aunque me quedé un poquito más atrás.

- No tengáis miedo, me llamo Emma, no os voy a hacer daño y mi mamá aunque sea grande tampoco.

No sé si hubo contestación pero de repente unas mariposas de todos los colores revolotearon rodeando a Emma, incluso alguna se posó en mí. Para mí sólo eran mariposas pero para mi pequeña eran fantásticas hadas. Ella las veía así, como yo cuando había tenido su edad. No sé cuánto tiempo estuvimos, allí sentadas. Sólo escuchaba el revoloteo, los pájaros, la brisa golpear las hojas de los diferentes árboles. El tiempo se había parado y mientras yo disfrutaba de la paz, Emma conversaba con sus hadas sin yo escuchar nada.

Al cabo del rato mi pequeña se levantó, la oí despedirse y nos volvimos hacia el pueblo en silencio. Cuando nos habíamos alejado lo suficiente me dijo:

- Mami, de verdad que no las ves.
- No mi amor, sólo veo preciosas mariposas.
- Entonces, ¿yo también las dejaré de ver?
- No lo sé ni todos los niños las pueden ver ni creo que algún adulto las vea. Perdemos los ojos de la fantasía.

Me miró en silencio y articuló en un ligero susurro ¡Qué pena! Pues yo les he prometido que aunque deje de verlas nunca las voy a olvidar.

No sé si las volvió a ver, no sé si las olvidó, sé que es una parte interior en la que ni puedo ni debo entrar. Pero cuando vamos por el bosque siempre mira al árbol y sonríe, sigue conversando con la luna y para mí lo más importante es que siguen brillándole los ojos de la misma forma que lo hicieron ese día.

viernes 24 de diciembre de 2010

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo



2011 abre una nueva página...

... que el tiempo llenará de risas, desafíos y plácidos despertares, manos amigas, reencuentros inesperados, dulces sabores y nuevas canciones, estrenos de cine, noches de locura, días de novela en tu sofá, pequeñas derrotas y grandes alegrías,...

Gracias por dejarme formar parte del libro de vuestra vida.

Os deseo Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo.

Sacado de una felicitación navideña del Círculo.

martes 21 de septiembre de 2010

Llora Aragón!

¡Llora Aragón!
Has perdido tu imagen,

has perdido tu voz,

tus sueños e ideales,
tus palabras y tu libertad.


¡Llora Aragón!

porque tu hijo se ha ido

pero su inmenso corazón

seguirá estando

en cada lágrima,

en cada palabra,

en cada canto

al amor de Aragón.


Gracias Labordeta
Aragón nunca te olvidará.

viernes 2 de julio de 2010

Revista Narrativas

Ya está disponible la Revista nº 18 de Narrativas en la que como siempre hay lecturas muy interesantes:

- Ensayo

Ciudad de México, espacio de la palabra. Introducción a género y ciudad en la novela mexicana, por Demetrio Anzaldo González.
Ensayo sobre "El rumor de los desarraigados" (conflicto de lenguas en la península ibérica), por Nerea Marco Reus.
Penélope en La Habana en la obra "Te di la vida entera" de Zoé Valdés, por Orlando Betancor.
Don Quijote armado caballero: la parodia o la dignidad y el idealismo, por Daniel Alejandro Gómez.


- Relatos


Alicia en el país del sueño, por Víctor Montoya.
Ciclos, por Rosana Alonso.
París - Impresión sol naciente: la plaza de la Vaca negra, por Marina Sanmartín.
Ojos verdes, por José A. Figueroa.
Lluvia de trompetas, por Ekaitz Ortega.
Ansiedad, por Gabriel Bonilla.
karakuri, por axel l. krustofski.
Cambalache, por Manu S. Vicente.
Las minas, por Carlos Santi.
Resaca, por Carlos Ardohain.
Así se hace mi cuerpo historia escrita de otros, por Zulma Oliveras Vega.
La noche de las gárgolas, por Enrique Martínez Llenas.
Las noches maravillosas son cosa de dos, por Sara Martínez.
Confesarás tus pecados, por Gustavo M. Galliano.
Torta casera (o ejercicio #52 de sadismo), por José Alejandro Brito Boadas.
Día laboral, por Sara Caba.
El ataúd, por Marcos Abal.
Pompas de jabón, peces y otras historias, por Rafael Bartolomé.
La vie secrète des femmes, por María Aixa Sanz.
Renacimiento verde, por Víctor M. Valenzuela.
Eres, por Pascual Moreno.
Microrrelatos, por David Moreno.
Correspondencia nicaragüense (VI), por Berenice Noir.
Escalofríos, por Jesús M. Santiago Rosado.
La culpa, por Jesús Esnaola.
La exquisitez del deseo, por Cristina Martínez.
Ella, por Enrique García Díaz.
Renacimiento, por José María Morales Berbegal.
El patio, por Carlos Almira.
Transformaciones, por Rolando Revagliatti.
Manuscrito hallado a la orilla de una oreja que sangra, por Jonatan Frías.
Las afueras, por Pedro Porres.
El fumigador, por Adam Gai.


- Narradores

José Luis Muñoz


- Reseñas


"El mes más cruel", de Pilar Adón, por Segundo Tercero Iglesias.
"Todo el amor y casi toda la muerte" de Fernando Marías, por José Luis Muñoz.
"Instrucciones para salvar el mundo" de Rosa Montero, por Ághata.
"El hombre es un gran faisán en el mundo" de Herta Müller, por José Luis Muñoz.
"La fábrica de huesos" de José Giménez Corbatón, por Luis Borrás.
"La librería" de Penelope Fitzgerald, por María Aixa Saiz.
"Cuentos históricos del pueblo africano" de Johari Gautier Carmona, por Luis Hernández.
"La crueldad del fotógrafo" de Antonio Cardiel, por Luis Borrás.


- Y Novedades editoriales


La podéis encontrar en www.revistanarrativas.com

Espero que os guste, así ya tenéis lecturas para el veranito.

Gracias Carlos por vuestro trabajo y por seguir informándome siempre.
Un saludo.

martes 22 de junio de 2010

Capítulo II - Segunda Parte

El verano en España estaba llegando a su fin y el tiempo de las lluvias tropicales comenzaba a mostrarse en Perú. Habían pasado dos meses desde la reunión general. La tensión en el poblado había ido creciendo poco a poco al igual que la pegajosa humedad del ambiente. Los niños y mujeres iban llegando al poblado día tras otro. Los heridos llenaban el hospital y el pabellón. Todo eran abrumados murmullos y silencios nerviosos, nadie hablaba más de la cuenta. Sonia tenía cada vez más niños en la escuela a los que enseñar y animar. Niños de todas las edades, desde los que no se enteraban de nada y miraba todo con grandes ojos, hasta los que su preocupación llegaba a sobrepasar la de la propia Sonia. Varias madres y adolescentes le ayudaban con la escuela y los juegos que preparaban. Habían decidido dividirlos en cuatro grupos: de bebés a tres años, de cuatro a ocho, de nueve a doce y el resto los adolescentes. Madres y jóvenes se encargaban de los dos primeros y de los otros dos, Sonia y su amiga Asiri, una joven madre de 21 años con la que se había compenetrado desde un primer momento. Sus grupos eran más reducidos ya que a partir de 13 años se quedaban en sus poblados para luchar y ayudar en lo que fuera necesario. Asiri los llamaba los pequeños adultos porque ella había sido una de ellos hacía ya mucho tiempo. Sonia pensaba que eran niños pero no podía hacer nada solo atender para que los que llegaran se sintieran bien.

Asiri, como su propio nombre quechua decía, siempre estaba sonriente, era muy buena con los juegos y los niños la adoraban al igual que a Sonia. Pero se les estaban empezando a acabar las ideas. Habían creado entre ellas una buena rutina de actividades culturales y juegos para evitar todo tema de conversación, pero la preocupación y la tensión palpable del ambiente les angustiaba cada día más.

Ese día, Sonia veía a Asiri más preocupada que de costumbre, pero no había tenido ocasión de hablar con ella. Por primera vez, la había visto dejar de sonreír y eso no le gustaba. No tenían tiempo para ellas, ni para nadie que no fuesen los niños. Realmente pensó llevaba sin ver a los de la ONG más de tres semanas y casi los dos meses que no se había podido escapar a su remanso de paz especial de la playa.

- ¿En qué piensas? –Sonó una voz detrás, que le hizo pegar un grito agudo a Sonia.- Siento haberte asustado. He dejado a los niños con una lectura que no me necesitan ahora mismo, tengo que hablar contigo empiezo a estar asustada.
- Asiri, de hecho estaba pensando en tu cara ¿qué sucede?
- He tenido que ir a por un medicamento para Nela al hospital y estaban reunidos los sabios –hizo una pausa mientras encontraba valor y acercándose más le susurró- he estado escuchando parte de la conversación, Sonia,… los mercenarios están cerca, los sabios decían que se dirigen aquí porque no están de acuerdo con que curemos a los heridos.

Sonia le miró espantada. No supo qué decirle, pero Asiri tampoco le quedaban más palabras. Por un lado debían ocultar su terror a los niños pero por otro tendrían que prepararlos para una posible evacuación, huida, batalla,… o lo que pudiera suceder.

La sirena de una reunión urgente sonó. El poblado cobró vida de golpe. Una masa de gente sobresaltada se encaminaba hacia el pabellón. Sonia, Asiri y el resto juntaron a todos los niños y para evitar cualquier conversación decidieron darles libros y pinturas a todos para que sus pequeñas cabecitas se centraran en otras historias que nada tuviesen que ver con ellos. Mientras, ellas sentadas delante temblaban sin articular palabra.

martes 15 de junio de 2010

Sidonie Gabrielle Colette

Hace varios años le robé literalmente un libro llamado "Claudine en la escuela" a mi padre. Era uno de esos días de verano en los que no te apetece hacer nada y encuentras un libro que te recuerda a tu infancia y lo lees simplemente por leer. Cual fue la sorpresa,... os cuento yo esperaba un libro en plan Enyd Blyton y su colección de Torres de Malory. Nada más lejos de la realidad, este libro escrito en el 1900 cuenta la infancia de una joven de 14-15 años, que hasta hoy habría gente que se escandalizaría por la forma de hablar sin ningún tapujo del género femenino. No estoy hablando de un libro feminista, sino simplemente del empleo de un lenguaje natural más del siglo XXI con historias ocurridas en el 1900: atmósferas de peleas eróticas entre colegialas, hombres maduros que pervierten a jovencitas, profesoras seductoras de alumnas, cartas de enamorados, maridos adúlteros, esposas bisexuales con amoríos audaces y pasiones efervescentes que parecen buscar únicamente el juego y el placer.

Lejos de malas conclusiones, los personajes de estas cinco historias sensualistas serán siempre comprendidos por la autora, cuya vida transcurrió en paralelo a la existencia de Claudine. Y ahí radica la fascinación de una escritura que trasciende los límites de la sucesión de anécdotas más o menos atrevidas, para mostrar, sin aguarle la fiesta a su "clan" de vividores, las entrañas de una sociedad convencida de la provisionalidad de la moral. Si la acerada recreación literaria de lo superficial puede llegar a ser sublime, Colette conquistó a pulso la gloriosa inmortalidad de estar en la Bibliothèque de la Pléiade.

Os presento a la escritora:

Sidonie Gabrielle Colette (Saint-Sauveur-en-Puisaye, Francia, 28 de enero de 1873 - París, Francia, 3 de agosto de 1954).

Llegó a ser elegida miembro de la Academia Goncourt en 1945. Por supuesto que eso es Francia porque aquí en España hubiera sido fusilada por inmoral.

Última hija del matrimonio al que ella rebautizó como Sido y el capitán Colette (seudónimo que adoptará), disfrutó de una infancia feliz en la pequeña villa de Bourgogne. Adolescente, conoció a Henry Gauthier-Villars, apodado "Willy" con el que se casó el 15 de mayo de 1893 en Châtillon. Willy autor de novelas populares, un vividor parisino que subsistía a costa de explotar a sus colaboradores, descubrió enseguida las facultades escritoras de su esposa y la animó a escribir sus primeras obras, la serie de las Claudine (1900-1903) recuerdos de la época escolar de Colette y que, sin ningún escrúpulo, fueron firmadas por su marido. Indignada por las infidelidades de su marido,— Willy fue el amante de Marie Lousie Servat (llamada Germaine) esposa de Émile Courtet con la que tuvo un hijo, Jacques Henry Guthier-Villars—, y desesperada por verse constreñida a su papel de esposa escarnecida y burlada, Colette fue liberándose poco a poco de su tutela y animada por Georges Wagne se dedicó a satisfacer sus ambiciones teatrales en el music-hall. Son años de escándalo y liberación moral en los que tuvo varias aventuras con otras mujeres. En 1906 se divorció de Willy. Durante esos años, no obstante, Colette va afianzándose como escritora: precisión en las palabras que describen la belleza de la naturaleza, el análisis y sensibilidad de los animales, la voluptuosidad y sensualidad libremente expresadas, reivindicando los derechos de la carne sobre el espíritu y los de la mujer sobre el hombre, son las líneas maestras de esta escritora que aún no ha sido reconocida por la crítica literaria eminentemente machista.

Después de su divorcio Colette conoce a Henry de Jouvenel, político y periodista con el que se casará en 1911, de esta unión nacerá su única hija, Colette a la que ella llama Bel-Gazou. En el periódico Le Matin, del que es redactor jefe Jouvenel, Colette colabora con diversos artículos y reportajes. En 1923 se divorcia de Jouvenel.

A los cuarenta años se convierte en mentora del hijo de Henry, Bertrand de Jouvenel, de 17 años, iniciándole en la escritura. Esta experiencia le servirá a Colette para desarrollar los temas y situaciones de Chéri y Le Blé en herbe.

La escritora, en el cenit de su talento y de su gloria se instala en su apartamento del Palais-Royal en el que vivirá hasta su muerte. Su Amigo de antaño, Maurice Goudeket, la ayudará a soportar su artritis y, pese a su discutible reputación, Colette es la única escritora francesa que tuvo derecho a unos funerales nacionales. Fue enterrada en el cementerio Père Lachaise París.

Si alguna vez tenéis la oportunidad de leer algo de esta escritora, os recuerdo, de hace un siglo, además de que merece mucho la pena, os hará replantearos vuestros sentimientos de libertad, vuestros valores y sobretodo vuestros prejuicios.

Gracias papás por acercarme a esta escritora y a la literatura en general. Si vosotros no hubieráis leído tanto yo no conocería esta pasión. Gracias.

jueves 13 de mayo de 2010

Capítulo II - Primera Parte

- Ya han empezado las revueltas. –dijo el Sr. Rodríguez entrando en el despacho de su jefe.
- No te preocupes, ya sabíamos lo que iba a suceder. Ahora hay que confiar en que el Gobierno peruano haga bien su trabajo.
- Pero ya han empezado las muertes y parece que se están agrupando los indígenas.
- Bah! Tonterías. ¿Qué van a hacer unos simples indígenas contra el ejército peruano?
- No está preocupado señor de la opinión pública y de que se enteren de nuestros planes. –dijo temiendo enfurecerlo.
- Para eso te pago Andrés, para que no se entere nadie y no se filtre nada. ¿De acuerdo?
- Sí señor –dijo temblando y saliendo del despacho.


Andrés comenzaba a tener conciencia, acababan de empezar las protestas y ya se estaba librando una batalla. El gobierno peruano no hacía caso de sus sugerencias de contentar a los indígenas. El presidente directamente mandó a la policía y al ejército a sofocar cualquier manifestación fuese pacífica o no. Y su jefe un auténtico cabrón indomable, lo único que quería era el petróleo existente en el Amazonas y la explotación de los futuros negocios que surgieran a lo largo de las vías de comunicación que se iban a crear. Ya tenía firmados varios contratos con los gobiernos de Brasil, Ecuador, Colombia y Perú. Se había hecho multimillonario gracias al petróleo y al tráfico de drogas, no tenía ningún escrúpulo.


Pero todo esto daba igual al resto del mundo, ya que hacia la opinión pública era un benefactor llevando electricidad, comunicaciones, etc… a todo Perú. Así creaba sus vías ocultas de tráfico de drogas, de armas, prostitutas... Era temido y el peso que tenía en los gobiernos era importante. Todo el mundo sabía que era él quien movía los hilos de Perú. Por eso se había firmado el Tratado de Comunicaciones del Amazonas. Y para callar la opinión de la gente el verdadero presidente utilizaba la fuerza que no tenía para decir que no a Don. Montalbán. Se decía que era familiar de la mafia Calabresa, pero nadie lo había podido demostrar. Sus guardaespaldas eran en realidad su séquito de matones.


Él sólo era un simple secretario que por puro azar de la vida había entrado a su servicio cuando “compró” la empresa eléctrica peruana en la que trabajaba. Lo necesitaba porque era muy bueno en números y hasta ese momento siempre se había hecho el ciego ante los negocios. Había sido un egoísta durante esos cinco años que llevaba trabajando para él pero ahora tenía miedo.

***

Sonia seguía discutiendo con los miembros de la ONG. No querían riesgo para ella, no era en realidad una cooperante sino que estaba sólo de vacaciones por así decirlo. Cierto que su ayuda era importante y que iba a ser imprescindible para la próxima llegada de la multitud de niños que esperaban, pero no le podían pedir que arriesgara su vida. En cambio ella pensaba lo contrario, sabía que la necesitaban y su lugar era ese, ahora mismo. Le daba igual lo que dijeran y el riesgo no le importaba, se quería quedar y eso iba a hacer.

Así que tras varios días de discusiones y preparativos Sonia consiguió la aprobación del Comité de Sabios para que siguiera su actividad. Enviaron por mail los datos para que la hicieran miembro oficial de la ONG y se la considerase una cooperante más para el gobierno español. Lo que pensaban que les iba a salvar de un más que posible ataque gracias a disponer de un contrato de Colaboración Humanitaria.

***

Eran las doce de la noche y en la selva reinaba el silencio, no soplaba aire y no había luna, la oscuridad cubría como una masa todos los árboles. Freddy se conocía con los ojos cerrados aquel paraje, se había criado allí. En silencio esperaba la señal, que tardó casi media hora en llegar.

- Hola hermano. –Saludó Freddy al hombre que se aproximaba sigilosamente entre los inmensos árboles.
- Freddy –susurró con un hilo de voz- están muy cerca, pero no son el ejército… estamos en un gran aprieto, nos van a aniquilar.
- No puedes estar hablando en serio, el presidente ha enviado al ejército.
- No, Freddy, estos son mercenarios de verdad, creíamos que eran del Sendero Luminoso pero son peores, vienen con una sola misión aniquilar a todo indígena, da igual edad, sexo,… sólo quieren quitarnos de en medio sin dejar rastro.
- Qué vamos a hacer.
- No lo sé las mujeres y los niños os los vamos a enviar, los hombres vamos a pelear se están refugiando en los antiguos poblados de la selva ¿Te acuerdas hermano? –preguntó con un leve susurro Andy.
- En los árboles sabios.
- Así es, pero…
- ¿Qué sucede? –Freddy temía las palabras de su hermano mayor, siempre había estado allí para protegerle aunque vivieran en diferentes poblados siempre sabían como comunicarse.
- Freddy no te voy a volver a ver, esto es nuestra despedida.
- Te iré a ver.
- ¡No! –levantó la voz para rápidamente volver a bajarla- No nos podemos arriesgar a que te sigan. Espero de corazón que esto pase pero os tenéis que quedar velando en vuestro poblado, estáis fuera de la selva y fuera del peligro. Si necesitamos hombres te enviaré una señal, mientras tanto nadie, ¿me escuchas?, nadie debe venir a buscarnos si no estaremos en peligro.
- Lo prometo –dijo Freddy temblándole la voz.

Se despidieron con un fuerte abrazo y Andy se perdió en la selva. Se quedó sentado una hora más pensando, si no era el ejército, sino que eran mercenarios sólo significaba una cosa, alguien se estaba tomando muchas molestias en exterminar o callar a los indígenas pero ¿por qué?

Continuará...


miércoles 21 de abril de 2010

Fin Capítulo I



«Carlos esperaba impaciente a que Manolo empezara a hablar, su corazón le latía con fuerza y un mal presentimiento le golpeaba constantemente. Estaba seguro que algo iba a suceder.

  • Amigos, -comenzó Manolo- siento enormemente tener que reuniros para daros estas noticias. Nos han avisado desde España que se ha firmado un acuerdo entre Brasil y Perú para crear más carreteras y por tanto desforestar parte del Amazonas.


Se produjo un murmullo de alivio ante la urgencia de la reunión. Ese rumor se llevaba oyendo desde hacía décadas y que se firmase ese acuerdo era algo que todo el mundo ya se esperaba.

  • Por favor, silencio que no es eso lo grave. Han comenzado revueltas entre los indígenas y ha habido una masacre. Han muerto ya 46 personas y según ha sido el Escuadrón de Emergencia de Trujillo.


Todos guardaron silencio. El Escuadrón era como la policía normal pero le amparaba una ley en la que un policía podía hacer cualquier cosa en cumplimiento de su deber. Desde la aparición de esa ley, Perú se había convertido en una guerra constante. La policía tenía el gatillo fácil y se creían con derechos de cualquier actuación. Eso provocó que las comunidades indígenas se comenzaran a unir para defenderse.

  • Pero hay más. El gobierno ha enviado a los militares a la selva, para sofocar las protestas. De ahí que hayamos oído el movimiento de tropas hace unos días. Están relativamente cerca y no sabemos cómo nos puede afectar. Por favor ruego que estemos todos en calma, que sigamos con nuestras actividades e intentemos no involucrarnos.

  • Pero tenemos que hacer algo por nuestros hermanos –dijo uno de los responsables del poblado, conocido por todos por Freddy.

  • Sé que es difícil ahora mismo, pero tenemos que tener paciencia y esperar a ver cómo se suceden las cosas. El hospital estará abierto las 24 horas del día. Vamos a necesitar voluntarios porque estoy seguro que irán llegando heridos, aunque espero equivocarme.

  • Por eso mismo, tenemos que defendernos. –volvió a protestar Freddy.

  • ¡No! –dijo el más anciano del poblado, al que todos respetaban por haber sido descendiente de las montañas sagradas, es decir, de los famosos Jíbaros.- Estoy con el señor Manolo, debéis escuchar, ahora mismo estamos rodeados. Hacia el sur está la capital y la policía como sabemos es demasiado susceptible. Y los militares están hacia el Amazonas. Debemos quedarnos todos aquí para atender a los posibles heridos y a todas las necesidades que les puedan surgir.

  • Sin hacer nada.

  • No Freddy vamos a proporcionarles la mejor ayuda de todas. Haced llegar la voz, que aquí pueden traer a los niños para protegerlos y los heridos para curarles. Somos un poblado reconstruido por una ONG y debemos dar esa imagen de ser sólo un lugar humanitario, así no nos atacarán aquí.


Todo eran murmullos, de vez en cuando alguno se levantaba para preguntar o sugerir ideas pero al final se votó hacer caso al anciano Apu (jefe, ya que nadie le llamaba por su verdadero nombre).


Tras la reunión se abrieron unas listas para que se apuntaran como voluntarios a las diferentes actividades acordadas: enfermería, organización de todas las materias, alimentación y escuela. Además se decidió crear un comité de sabios para ir decidiendo lo que fuera surgiendo importante. En él estaban tanto Manolo y Carlos más dos integrantes de la ONG, como cinco personalidades importantes para el poblado, entre ellos Freddy y Apu.


Carlos seguía con su mal presentimiento. No podía evitarlo y así se lo dijo a Manolo cuando se quedaron solos en la oficina. Éste tampoco tenía claro como Apu que no les fueran a atacar, pero no podían hacer nada si no esperar.»